mis primeros deseos me ofrecía,
me otorgaba lo que yo le pedía,
haciendo mi alegría clamorosa.
Ayer mismo saltaba, corría y reía,
y sentía la luz esplendorosa,
la fragancia sutil de la rosa,
el tacto del amor que en mí crecía.
No dudaba en que pronto una esposa,
en el trote de mi vida cruzaría,
rellenando mí andadura en armonía,
alzándole al rango de mí diosa.
Pero todo se quedo en fantasía,
pues mí oído ya no siente que reposa,
al sufrir la sirena escandalosa,
advirtiendo de un misil en cercanía.
Sin piernas y sin brazos ya reposa,
mí cuerpo merced a cortesía,
de una lamentable anomalía,
regalo de una guerra vanidosa.

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