
Ella, simplemente no comprendía como había llegado a esa situación. Siempre, y sin la más mínima duda, había sabido, que su deambular por el mundo, iba a ser el camino del espíritu solitario, el caminar del anónimo viajero.
El, incapaz de comprender sus sentimientos, amputado de su natural suficiencia. Impulsado a buscarla en su camino.
Ella y El, dos minúsculas formas de vida tan alejadas entre si, en medio de este universo, que el más mínimo movimiento del uno, incide con la virulencia de un huracán sobre el otro.
Dos años atrás. Noche de carnaval. En medio de una variopinta y exaltada plaza, teñida de una surtidísima muestra de colores y formas, tropezaron.
―Perdón― repitieron al unísono.
Se quedaron mirándose el uno al otro, y con una sincera y espontánea sonrisa Ella comento ―Debemos ser los dos únicos tipos sin disfrazar de todo este mogollón—.
―Ya tenemos algo en común para compartir al menos una copa― dijo El.
―Incluso una gran base común más que suficiente, para mantener una intensa relación― argumento Ella, al tiempo que una espontánea y sincera carcajada salía de ambos.
Dos años habían pasado ya. Los momentos que compartían juntos, se podía decir que incluso rozaban la perfección. ¿Pero realmente que sabían el uno del otro? Ella se ausentaba a menudo sin dar la más mínima explicación. El nunca preguntaba. El desaparecía en ocasiones sin dar señales de vida durante días. Ella jamás preguntó porque.
Volvía a ser noche de carnaval. Dos años justos de cuando se conocieron. Ambos esta noche tenían que salir. Tenían asuntos que resolver. Como de costumbre sin despedidas, cada cual se fue a sus asuntos.
A primera hora de la mañana, todos los diarios nacionales destacaban en portada… “Miembro destacado de las fuerzas antiterroristas y peligrosísima terrorista, mueren en un enfrentamiento”.
Los diarios ampliaban la noticia, dando a conocer, que el caso estaba siendo investigado por los expertos, al comprobar que tras abatirse mutuamente, policía y terrorista, ambos recorrieron aproximadamente cuatro metros de espacio arrastrándose, para morir definitivamente abrazados.
El, incapaz de comprender sus sentimientos, amputado de su natural suficiencia. Impulsado a buscarla en su camino.
Ella y El, dos minúsculas formas de vida tan alejadas entre si, en medio de este universo, que el más mínimo movimiento del uno, incide con la virulencia de un huracán sobre el otro.
Dos años atrás. Noche de carnaval. En medio de una variopinta y exaltada plaza, teñida de una surtidísima muestra de colores y formas, tropezaron.
―Perdón― repitieron al unísono.
Se quedaron mirándose el uno al otro, y con una sincera y espontánea sonrisa Ella comento ―Debemos ser los dos únicos tipos sin disfrazar de todo este mogollón—.
―Ya tenemos algo en común para compartir al menos una copa― dijo El.
―Incluso una gran base común más que suficiente, para mantener una intensa relación― argumento Ella, al tiempo que una espontánea y sincera carcajada salía de ambos.
Dos años habían pasado ya. Los momentos que compartían juntos, se podía decir que incluso rozaban la perfección. ¿Pero realmente que sabían el uno del otro? Ella se ausentaba a menudo sin dar la más mínima explicación. El nunca preguntaba. El desaparecía en ocasiones sin dar señales de vida durante días. Ella jamás preguntó porque.
Volvía a ser noche de carnaval. Dos años justos de cuando se conocieron. Ambos esta noche tenían que salir. Tenían asuntos que resolver. Como de costumbre sin despedidas, cada cual se fue a sus asuntos.
A primera hora de la mañana, todos los diarios nacionales destacaban en portada… “Miembro destacado de las fuerzas antiterroristas y peligrosísima terrorista, mueren en un enfrentamiento”.
Los diarios ampliaban la noticia, dando a conocer, que el caso estaba siendo investigado por los expertos, al comprobar que tras abatirse mutuamente, policía y terrorista, ambos recorrieron aproximadamente cuatro metros de espacio arrastrándose, para morir definitivamente abrazados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario