Nuevamente y sin razón,
los obispos en cuestión,
y abusando en su función,
nos demuestran lo que son.
Mercaderes de ocasión,
tan cebados de ambición,
que nos muestran su obsesión,
a la mínima ocasión.
Nos trasmiten su extorsión,
una férrea inquisición,
absoluta sumisión,
a cambio de redención.
Más tamaña imposición,
sobrevive a su extinción,
de la absurda obligación,
de una impuesta aportación.
Y yo les digo vacilón,
que esta triste predicción,
de dejarnos sin perdón,
me la suda un montón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario