el que nos guía y nos arrastra,
el que nuestra voluntad castra,
y nos priva de un mundo tan dichoso.
Es tal vez nuestro anhelo vanidoso,
de negarnos a aceptar en la conciencia,
la sabia y larga experiencia,
de un anciano algo cansado y ya lloroso.
Será quizás un corazón morboso,
en su pura y exquisita esencia,
que nos encamina a la impaciencia,
y nos despoja del amor hacia lo hermoso.
Es un sentimiento tormentoso,
que domina cual madrastra,
a su vez que de seguro bien nos lastra,
vedándonos del avance a lo dichoso.
Sin dudar que desconozco reflexiones,
de esta vida tan repleta en desazones,
pero que por más de una y mil razones,
agarramos aun a fuerza de empujones.


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